Cada vez son más las marchas y protestas que se están llevando a cabo para pedir a los gobiernos una transformación radical sobre la industria de la moda, la segunda más contaminante después de la petrolera. Y es que, la influencia que la moda tiene a nivel global está provocando que el consumo de ropa se haya duplicado en los últimos 15 años, exceso que representa una amenaza real sobre el medio ambiente.

El incremento de los índices de contaminación sumado al consumo ingente de agua (unos 10.000 litros por Kg de algodón), energía y elevado uso del transporte son producto del actual modelo de negocio conocido como Fast Fashion. Modelo que consiste en crear grandes cantidades de ropa muy barata, forzando a la industria a acelerar los procesos en todas las fases de la producción.

El éxito del modelo actual, y aunque parezca contradictorio, se basa en el hecho de que no es precisamente sostenible. De esta forma las marcas pueden permitirse producciones de bajo coste en un corto período de tiempo y en cantidades desorbitantes, llegando a crear hasta 54 colecciones en un año, obligando a los comercios a renovar su oferta continuamente.

La industria de la moda está teniendo un impacto importante sobre el medio ambiente. Es la responsable de la emisión del 10% de los gases de efecto invernadero y debido a la toxicidad de los productos químicos empleados en la elaboración de tintes y obtención de fibras sintéticas se genera el 20% del agua contaminada que afecta sobretodo a los ríos y agua potable de países asiáticos como China, India, Vietnam o Bangladesh donde se fabrica de forma masiva la mayor parte de esta ropa.

La pérdida de la biodiversidad en el ecosistema viene dada, en su mayor parte, por todas estas malas praxis que el sector de lamoda está llevando a cabo. El problema del cambio climático no se ciñe solo al aumento visible de las temperaturas, sino también al aumento de sequías, inundaciones o incendios. Sin ir más lejos, la obtención del cuero de muchas marcas de ropa, zapatos y accesorios proviene del ganado criado en la selva que se encuentra en riesgo de deforestación. Esto no solo afecta a la tala y quema de la selva amazónica, sino también al propio bienestar de los animales. Y este es solo un ejemplo.

Para que los costes sean tan bajos y las empresas tengan rentabilidad durante toda la cadena de fabricación, estas fibras y tejidos sintéticos son de tan baja calidad que la vida útil de los mismos es muy corta. Esto genera muchos más desechos, los cuales no somos capaces de procesar al mismo ritmo que consumimos.

Según la Fundación Ellen MacArthur, cada día se tiran toneladas de ropa y residuos textiles. Normalmente se incineran o acaban en vertederos, liberando millones de micropartículas de plástico al océano y filtrando las substancias tóxicas que contienen estos materiales a las aguas subterráneas.

Y es que esta cultura de producción y compra masivo-compulsiva está llegando a tal punto de insostenibilidad que la ONU la ha catalogado de emergencia medioambiental.

Ante tal alarmante problema las instituciones deben tomar  medidas para hacer frente a la contaminación, implantar nuevos patrones de producción sostenibles y que a la vez se ajusten a la demanda del consumidor final. Porque, en realidad, una de las causas que está favoreciendo a esta huella ecológica de la moda somos nosotros mismos. El consumo excesivo y nada responsable está alimentando a la industria a actuar constantemente como un círculo vicioso.

Como usuarios solo nos fijamos en el precio y diseño atractivo de las prendas. Sin embargo, no nos planteamos la calidad y procedencia de las mismas, ni siquiera que cuando compramos prendas a 5€, para que a la empresa le salga rentable alguien de la cadena de producción sale perdiendo. Y ese suele ser en mayor medida el factor humano.

Por eso, es necesario que las empresas, instituciones y los propios consumidores nos sensibilicemos, no solo con un producción y consumo responsable, sino también nos comprometamos para suprimir la explotación, acrecentar el impacto positivo y transformar la moda en un modelo de negocio ético, saludable y consecuente con el medio ambiente.

La sostenibilidad no debe quedarse solo en una tendencia. Debe ser una obligación.

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